A los científicos siempre nos ha gustado ordenar las cosas. Y puestos a ordenar, podemos clasificar los elementos que componen el universo en divisibles e indivisibles. Hay cosas divisibles en piezas más pequeñas, desde las pirámides levantadas por bloques de roca hasta las palabras formadas por simples fonemas.

Otras cosas son algo más confusas, y por definición son indivisibles aunque se puedan descomponer en elementos más pequeños. Los átomos, cuyo origen etimológico proviene del griego a, no, y tomo, indivisible, pueden fragmentarse en partículas aún más pequeñas, ínfimas… hay elementos divisibles desde las piezas más pequeñas hasta el propio cosmos: del griego kosmos, que significa universo.

Pero también hay cosas indivisibles como los océanos, que vienen de la palabra griega okeanos, que era como llamaban los griegos antiguos a la expansión de agua que rodeaba a las tierras de Europa, Asia y África. También es indivisible la ciencia. Aunque se agrupa en distintas disciplinas, desde las matemáticas, del verbo griego mánthamo, aprender, y el sustantivo máthema, conocimiento; hasta la biología, bios, vida, y logía, estudio; todas están entrelazadas hasta formar un todo gracias al cual las matemáticas forman parte de la biología, y hay vida en las matemáticas.

Es indivisible la cultura que nos une a lo largo de todo el globo aunque cada sociedad sea descomponible en individuos. Una cultura que crece continuamente hacia el futuro pero siempre tiene una deuda con el pasado. Aunque el genio que da luz a una obra maestra nazca en un lugar, o se alimente de lo que produzca una tierra concreta, quizás los artistas que lo inspiraron fueron de lugares extraños, opuestos, desconocidos. Como el escritor hispano que lee a los rusos mientras escribe en castellano con palabras que hunden sus raíces en el griego o el latín.

Quizás el latín sea una lengua muerta, pero el griego sigue vivo. Y su gente también. Gente cuyos antepasados nos dieron los teoremas: thea, visión, y la raíz, ema, aquello que; o la democracia, de los vocablos demos, pueblo, y kratos poder/gobierno; cuando nosotros no teníamos nada que ofrecerles. Toda la sociedad moderna tiene una deuda histórica y un deber humanitario con el pueblo griego.

Ahora, se habla de los mercados, la deuda y de la macroeconomía con la misma facilidad que se olvidan otras cosas. Porque a algunos les interesa, se olvida que la economía, del griego okomos, administración de la casa y nomos, regla o norma; no es un fin sino un medio para logar una sociedad mejor, y que en verdad todos somos un único pueblo habitando el mismo pedazo de roca perdido en el universo

Así que, por todas los cosas que nos ha dado, quizás el mejor modo de empezar a pagar nuestra deuda con Grecia sea diciendo:

Gracias Grecia.

Pablo @pjbarrecheguren

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