La semana pasada a muchos de nosotros casi nos pega un infarto cuando leíamos en las noticias titulares tan lapidarios como “La carne roja provoca cáncer” “La OMS establece una conexión directa entre la carne roja y el cáncer”.

¿Cómo? ¿Qué tengo que dejar el jamón? Fue el drama que a todo español medio se le pasó por la cabeza en ese momento. Incertidumbre, abandono, miedo… en Halloween la muerte iba a tener aspecto de chuleta. La alarma social se desató. Pedimos explicaciones y es que el nivel de nuestro encabronamiento era considerable: cuánta hostilidad tenía la OMS hacia lo que más queremos de nuestra dieta, por favor.

En esta alarma, como en otras, estamos ante un clarísimo ejemplo de una mala información mediática. Igual que tantas veces, los titulares solo mostraban parte de la verdad. Y es que hablar de “probabilidad” “riesgo” o “predisposición”, alarga innecesariamente los titulares. Se busca algo conciso, que impacte, que de verdad sea notición, con el consiguiente peligro de la desinformación. Porque el consumo de carne roja aumenta el riesgo de padecer cáncer de colon, sí, pero no es ni mucho menos el principal factor desencadenante. Hay que tener en cuenta un sinfín de otras variables, como posibles alteraciones genéticas previas, estilo de vida, cantidad de carne ingerida… Eso sí, teniendo en cuenta la cantidad de gente consumidora de este alimento, la OMS consideró que era mejor advertirlo por razones de salud pública. Y es que ya vamos por 35.000 muertes anuales por cáncer de colon relacionadas con el consumo de carne, a nivel mundial.

¿Por qué la carne roja provoca cáncer? En primer lugar por los químicos que se producen en el proceso de conservación y cocinado. Entre todos, quizá el más importante sean las nitrosaminas. Otro factor es que la carne aumenta la obesidad y el estreñimiento; y esto sí amigos, nos pongamos como nos pongamos, son factores que favorecen la aparición de cáncer colorrectal.

Pero tranquilo my friend, no significa que por cada hamburguesa que te comas estés comprando una papeleta. Significa que si te pones de barcacoa fino cada fin de semana, las probabilidades de padecer cáncer aumentan, pero los datos exactos de estas probabilidades son aún muy limitados. De hecho, el 20% de los casos de cáncer colorrectal son atribuibles a consumo de carnes rojas, mientras que casi el 90% de los casos de cáncer de pulmón son atribuibles al tabaco.

Claro que si estamos hablando de salud, teniendo en cuenta que el elevado consumo de carne también dispara las enfermedades coronarias y la diabetes, aunque nos duela, la respuesta es sí, es recomendable disminuir la cantidad de carne roja que comemos. Pero no eliminarla totalmente de nuestra vida, como sí debemos hacer con el tabaco. En gente sin ninguna patología, una vez a la semana es más que suficiente para mantener a raya las cantidades de hierro y vitamina B12 que necesitamos ingerir. Eso sí, ya que nos ponemos a reducir, procuremos que la carne sea de calidad y miremos su procedencia.

Que esto nos sirva para aprender. Porque son muchas las veces que parece que la información se va para el otro lado, porque es cierto que hay alimentaciones que pueden ayudar a prevenir la aparición de cáncer; la dieta mediterránea, por ejemplo, donde nos hartamos a fruta, verdura, ajo y aceite de oliva, pero no existe un alimento o alimentación milagrosa que prevenga totalmente la aparición de cáncer ni, ni mucho menos, que lo cure.

Así que alerta a la letra pequeña y, en ciencia, medid muy bien las probabilidades.

Helena @HelenaArlequino

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