Era sábado por la tarde cuando Alberto, alias Oso Parrillas, y yo llegamos a La Serena, en Chile. Este país es una franja de tierra maravillosa en cuanto a naturaleza se refiere, de un lado está la espina dorsal de América latina, la cordillera los Andes y del otro lado el mayor océano del mundo, el Pacífico.

Con vistas a la impresionante cordillera, La Serena es una ciudad de veraneo situada a una hora de avión al norte de Santiago de Chile. La acaricia el Pacífico con el rumor de sus olas y con él comparte una larga playa de arena oscura. Al llegar a la ciudad nos mojamos los pies en el congelante océano y disfrutamos de una espectacular puesta de sol. Todo apuntaba a que nuestra semana de actuaciones en La Serena sería tranquila.Chile Irene

Actuando en la Feria de Abastos. Conseguimos incluso atraer la atención de dos astronautas

Nuestra primera actuación fue en la Feria de Abastos, un colorido mercadillo repleto de puestos de frutas y verduras. Los organizadores nos estaban indicando un lugar que podríamos usar como escenario y justo en ese momento llegó un grupo de músicos, se plantó allí y se pusieron a cantar cumbia “Tendremos que ir a otro lugar para hacer la actuación” Dijo uno de los organizadores. Alberto y yo nos miramos un tanto perplejos.  Comenzamos a caminar entre los puestos hasta que encontramos un sitio “adecuado”. Allí, actuamos con todas nuestras fuerzas mientras un fabuloso coro gritaba “¡Berro, berro!” una y otra vez.

Los imprevistos en el mercado no fueron una excepción. Durante toda la semana de actuaciones hubo retrasos de más de una hora, actuamos en lugares al aire libre donde el viento desmantelaba decorados y causaba un ruido infernal en los micrófonos, preparamos ponencias de “Power Point” y cuando llegamos al lugar acordado no había proyector… así que fuimos teniendo que improvisar sobre la marcha.  Pese a todo, conseguimos seguir adelante gracias a la gente tan encantadora que conocimos: habían profesores entusiastas, el chofer más risueño del mundo, organizadores amables, un público agradecido, alumnos simpáticos… Fue un placer compartir esos momentos con ellos, incluidos los “bastante peculiares”.

En aquel magnífico ambiente de la Feria de Abastos una entrevistadora le preguntó a Alberto qué mensaje quería enviar a los afectados por el terremoto y el tsunami.  Alberto no sabía de qué le hablaban pero contó que uno de nuestros compañeros tiene un monólogo sobre la previsión y alerta de terremotos, ciencia para salvar vidas. Resulta que hacía apenas un mes la región había sido sacudida por un terremoto 8.4 en la escala Ritcher y azotada poco después por un tsunami. Parece ser que La Serena no siempre es tan serena ni el Pacífico tan pacífico. Y de hecho lo vivimos en nuestras propias carnes…

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Algunas de las graves consecuencias, todavía visibles, de tsunami.

El lunes por la noche, estaba durmiendo yo tranquilamente cuando la cama comenzó a moverse, cada vez más fuerte, tenía un sueño profundo y fui despertando poco a poco hasta abrir los ojos como platos… ¡Terremoto! Enseguida la cama dejó de moverse. Mi corazón estaba a mil y mi cabeza también: ¿vendrá un tsunami? ¿Cómo son los avisos de tsunami? ¿Y si me duermo y no me entero? ¿Y si viene un terremoto mas grande y yo durmiendo?… Y las preocupaciones siguieron machacándome hasta que de puro cansancio me dormí otra vez. Me desperté como a las siete de la mañana y pensé ¿habrá sido un sueño?… La respuesta llegó de inmediato ¡¡La tierra se puso a temblar de nuevo!! No me lo podía creer.

Más tarde nuestro maravilloso chofer y amigo Joni nos dijo “Eso es normal, hasta que no empiecen a caerse todas las cosas al suelo no hay que preocuparse”. Y es que la tierra en Chile, como su gente, está muy viva.

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Parte de los maravillosos decorados que nos prepararon en algunos colegios. Yo voy conduciendo mientras Alberto mira al cielo con cara de circunstancias. Aparece Javi en el centro, que como llegó el martes se perdió “la experiencia terremoto”.

 

Irene

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