“…en todo caso, había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío” El túnel. Ernesto Sabato.

Estas son las primeras palabras que se leen en la novela, El túnel. Es un librito fino, ligero sobre la mano, pero con un título que engulle. La voz narrativa de esta novela es oscura, con un tono obsesivo que se recrudece en las novelas: Sobre héroes y tumbas, y Abbadon, El Exterminador. Estas son las tres novelas que escribió el argentino, Ernesto Sabato, y son consideradas de lo mejor que ha dado la literatura argentina del siglo XX.

Pero he cometido una errata, debería haber escrito Dr. Ernesto Sabato. Doctorado en Ciencias Físicas y Matemáticas por la Universidad Nacional de La Plata en 1937. Sabato no es el único caso de un científico con éxito literario aunque quizás el más conocido sea Isaac Asimov, doctor en Química. Creo que cuando alguien piensa en algún científico escribiendo literatura, siempre le viene a la cabeza la idea mental de un escritor como Asimov, con sus novelas de ciencia ficción y trabajos en divulgación científica, y no de Sabato. De todos modos, aunque ambos científicos son casos anecdóticos si se los compara con la vasta mayoría de artistas, existe una tendencia cada vez más presente de mezclar ciencia y arte. Esto es muy frecuente en la divulgación científica, donde sin embargo, se puede observar una separación clara entre ambos elementos que nunca llegan a fusionarse en una especie de ciencia-arte: por un lado está el contenido científico, y por otro las técnicas artísticas que se utilizan para transmitir el contenido.

Subiéndose al carro de esta línea de trabajo, hay gente que dice que ciencia y arte son elementos con cosas en común, como por ejemplo la creatividad. Y es cierto que una idea muy presente en la investigación es la importancia de tener una mente creativa pero… centrémonos un poco, ¿estamos hablando de lo mismo cuando hablamos de creatividad científica y creatividad artística? ¿Se puede ser igual de creativo en la ciencia que en el arte? Yo creo que no.

En la ciencia, tú puedes tener la idea más cojonuda, original y guay del universo, que si va en contra de la realidad, los experimentos no salen. La realidad aplica la selección natural a todas las ideas y al final, la ciencia acaba construyéndose sobre los cadáveres de hipótesis o modelos, a veces mucho más creativos, que la realidad. Así que hay un límite al poder de la creatividad en la ciencia. Uno puede ser todo lo artístico que quiera siempre y cuando lo que diga sea cierto. No hay más, estas son las reglas que supone seguir el método científico.

El arte, sin embargo, tiene un enfoque antagónico. La verdad puede ser, o no, relevante. Se puede decir una mentira para mostrar una gran verdad, de igual modo que es posible contradecirse, repetirse, saltar, innovar, conservar, bajar y subir todo en un mismo sentido, o no. Las reglas son otras. No están limitadas por la realidad, pero existen. Por ejemplo, un personaje de ficción puede ser contradictorio, pero tiene que ser consistente con su propia personalidad.

Como el aceite y el vinagre, ciencia y arte pueden ir juntas para hacer una buena ensalada, pero no se mezclan. Es importante tenerlo claro para que no nos den gato por liebre, y no demos por ciencia, o por arte, lo que no es.

Quizás para hablar de este tema me gusta Sabato porque en él se puede ver bien la separación. Creo que era un hombre partido, de corazón artístico y mente científica. Este señor, que llegó a trabajar en el MIT, abandonó de golpe la carrera científica y se fue en unas condiciones muy duras, a dedicarse a la literatura y la pintura. Pero en su escritura hay un cierto corazón científico, una mentalidad artística, que dio grandes obras. Y es que de la mezcla, si se hace bien, salen cosas muy buenas.

 

Pablo @pjbarrecheguren

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