La Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, en México, es la segunda feria del libro más grande del mundo, tan solo después de la de Frankfurt. Cada año reúne a más de cuatrocientos mil ejemplares de diecinueve mil editoriales, más de setecientas cincuenta mil personas y casi seiscientos medios de comunicación.

En esta ocasión, como ya ocurrió hace justo un año, Big Van fuimos invitados para presentar nuestro libro “Si tú me dices Gen lo dejo todo”, ¡con espectáculo de monólogos científicos incluido!.Y es que la FIL de Guadalajara, también es ciencia. Así que a allí viajamos Manuel (la célula fatal), Oriol (el guerrillero bacteriano), Helena (Bob Esponja), Alberto (Yoda 2.0) y un servidor, Javier (sin mote). El plan: ocho días de ciencia, libros y muchas risas con uno de nuestros públicos más entregados y fieles, los mexicanos.

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Preparados para darlo todo.

Vayas donde vayas, el tamaño es relativo, lo que es grande o es pequeño. Resulta curioso cuando un mexicano te dice… vamos a una ciudad pequeña, de unos cuatrocientos mil habitantes ¡Madre mía! ¡Pequeño! Pues Guadalajara es lo que un español llamaría una ciudad inmensa, grande para un mexicano. Con cuatro millones y medio de habitantes es la segunda ciudad con mayor población del país. Una urbe que tiene de todo: historia, arte, cultura y… mucha fiesta. Claro, la capital mundial del tequila y los mariachis, eso uno lo podría imaginar. Pero no nos desviemos, la FIL es cultura, la FIL es literatura, y desde hace un año, también es ciencia.

El pabellón donde tiene lugar la FIL es de proporciones inimaginables para ser una feria. Y dentro de ella corren ríos y ríos de personas, cantidades ingentes que inundan los pasillos por los que es difícil transitar. Sin duda lo más destacable es la proporción de niños y jóvenes entre los visitantes. Algo que genera sorpresa y mucha admiración. Es envidiable la cultura del libro que existe en esta ciudad.

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Nuestro centro de operaciones en la FIL.

Te encuentras libros de todo tipo: artes, humanidades, cocina, viajes, idiomas, científicos… y entre ellos uno muy particular, un libro de humor científico: nuestro libro de monólogos.

Y como era de esperar, a nosotros no se nos puede sacar de casa solamente para firmar unos libros o hacernos unas fotos con los seguidores. No. Como suele ser costumbre en este grupo, la agenda no dejó lugar al respiro o al turisteo. Faena, faena y más faena. Entre las actividades: una firma de libros, entrevistas, sesión de fotos, un sketch, un taller para jóvenes, dos actuaciones para niños y, por supuesto, muchos monólogos científicos. En todas las actuaciones pudimos colgar el cartel de “no cabe un alma, tenía que haber llegado antes, otra vez será” y de todas, destacó la sesión del jueves por la tarde, con mil quinientas personas abarrotando el salón más espectacular de la FIL en una sesión que solo conceden a cinco escritores en toda la FIL, todo un lujo. Ver a mil quinientas bocas reír, tres mil ojos sobre ti mientras otras tantas manos te aplauden es algo único e inolvidable.

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Divulgando a lo grande.

Pero no todo fue actuar. Sí, fue casi todo, pero el poco tiempo que hubo de ocio… fue espectacular. Chiles, quesadillas, tacos y el mejor tequila del mundo. Y por supuesto, por qué no atreverse con algo nuevo: chapulines (saltamontes) y chupitos de tequila con alacranes dentro. Un nuevo mundo. Bastante crujiente, por cierto.

Cada vez que Big Van pisa América se siente diferente. México nos abre las puertas con lo que mejor tiene este país, el cariño de su gente. Gente cercana, amable, curiosa, divertida. Tras miles de selfies, firmas de libros, camisetas de Big Van, besos y abrazos, palabras halagadoras y muchas, muchas risas, nos vamos convencidos de que pronto volveremos a un país que se ha ganado nuestro corazón. Viva México, y sobre todo, los mexicanos.

Javier @JaSantaolalla

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