El domingo 24 de enero el restaurante: 7 portes, acogió en Barcelona una nueva edición de los Esmorzars de Ciència als 7 portes titulado: Ciencia y alimentación: como nos ayuda la ciencia a comer bien.

El evento empezó con una introducción de Claudi Mans, catedrático de ingeniería química de la UB, donde habló sobre la larga estrecha relación entre ciencia y cocina. Por ejemplo, ¿sabíais que Denis Papin inventó en el siglo XVII un precursor de la termomix, Le digesteur, una olla a presión con agitación interior, que fue la base para el desarrollo de la máquina de vapor? Las palabras de Claudi acabaron con una frase que pronunció Ferrán Adriá al recibir el doctorado honoris causa por la Universidad de Barcelona “la química también alimenta el alma”.

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Aquí Xavi micrófono en mano divulgando ciencia un domingo por la mañana.

La sesión continuó con un monólogo de nuestro Xavier Luri. Con mucho sentido del humor nos contó su experiencia con la alimentación durante su infancia, incidiendo de forma mordaz en como han cambiado nuestras preocupaciones. Por ejemplo, para sus abuelos la química era un aliado imprescindible para luchar contra las plagas mientras que hoy parece que juntar química y productos alimenticios sea casi anatema. O la diferencia en la percepción de los problemas de alimentación entre una generación que pasó una guerra y conoció el hambre, y las generaciones actuales que se han criado en una economía de abundancia.

Seguidamente empezó el debate, moderado con la fluidez acostumbrada por Eduard Berraondo. Los ponentes fueron Abel Mariné, catedrático emérito del departamento de Nutrición y Bromatología de la Universidad de Barcelona, y Antoni Massanés, director general de la fundación Alicia, dedicada a la innovación tecnológica en cocina, a la mejora de los hábitos alimentarios y a la valoración del patrimonio agroalimentario.

Abel Mariné nos aclaro diversas dudas, como por ejemplo que el chocolate negro no es tan malo para el colesterol ni el café tan perjudicial para la hipertensión. Nos pareció especialmente interesante la afirmación de que “todo progreso es obesogénico”; como ejemplo citó que entre conducir un vehículo sin dirección asistida  a uno con dirección asistida hay una diferencia de unas sesenta calorías por hora, lo que puede representar reducir hasta un 5% el esfuerzo diario. “Hay que hacer más ejercicio”, recomendó contundentemente. Y añadió, con el sentido del humor que nos regaló durante toda la charla, que las nuevas dietas “…tienen cosas buenas y cosas originales… pero las que son buenas no son nuevas y las que son originales no son buenas”.

Ambos ponentes estuvieron de acuerdo en la importancia de comer tranquilos y sin prisas, sentados en la mesa y masticando bien, disfrutando de la compañía y del sabor.  Comer no es sólo una cuestión de alimentarse y, como Antoni Massanés nos explicó, comer con otras personas disminuye la prevalencia de trastornos alimentarios. Añadió además la anécdota de que a los astronautas no se les ha sustituido la comida sólida  por pastillas nutricionalmente completas porque si no se deprimen. También apareció sobre la mesa el tema de las alergias y el efecto indeseado que puede tener evitar la exposición a ciertos alimentos, ya que entonces no se genera tolerancia a ellos.

Por último, podemos sacar unas recomendaciones muy útiles de las preguntas del público: comer cinco veces al día, caminar caminar y caminar, incluir muchas verduras, frutas y hortalizas en el menú, permitirse alguna alegría de vez en cuando con el chocolate negro, el vino o la cerveza, y no seguir dietas de moda. En resumen, recuperar el dicho popular que nos recordó Abel Mariné: “para llegar a viejo sano, poca cama, poco plato y mucha suela de zapato”.

 

Yolanda Blanch y Xavier Luri

 

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