Hace unas semanas vi en Facebook una campaña en change.org que en poco tiempo ha recogido más de 60.000 firmas. En ella, una estudiante de primero de psicología por la UNED (Universidad Nacional de Educación a Distancia) contaba cómo había descubierto que durante su carrera iba a tener que realizar prácticas con animales (vivos y muertos), y pareciéndole ello cruel e innecesario, ponía en marcha la campaña para que ningún estudiante de psicología por la UNED tuviera que realizar prácticas con animales para sacarse esa carrera.

La propuesta, pero sobre todo los comentarios de la gente, me hicieron reflexionar sobre la opinión y los prejuicios que mucha gente tiene sobre la experimentación con animales.

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¿Cómo funciona esto de la experimentación en animales? Reducción, refinamiento y remplazo.

Actualmente toda experimentación con animales vertebrados se rige por la regla de las tres Rs: reducción, refinamiento y remplazo.

La primera “R” hace referencia a que se reduzca al máximo posible el número de vertebrados utilizados en los experimentos. Refinamiento se refiere a que en cada experimento se optimice la metodología para reducir al máximo el sufrimiento de los animales y obtener toda la información posible, para así tener que repetir los experimentos el menor número de veces posible. Y remplazo significa que si en vez de usar animales vertebrados, hay otros modelos como por ejemplo, animales invertebrados, debes hacer el cambio.

Lo que muchas veces se obvia al mencionar las tres Rs es que como científico no solo debes respetarlas, estás obligado a respetarlas. En muchos países, incluido España, todo experimento que incluya animales vertebrados pasa por un comité ético de expertos y debe ser aprobado antes de poder realizarse. Además, en muchas comunidades si no en todas, los científicos deben pasar unos cursos obligatorios de formación en el manejo respetuoso y correcto de animales vertebrados antes de poder ponerse a trabajar con ellos.

Esto no evita que teóricamente te puedas saltar las normas. Obviamente, en tu laboratorio nadie te vigila y en teoría podrías hacerles lo que quieras a los animales, pero la realidad es que normalmente estos animales no se guardan en los laboratorios sino en estabularios donde personal ajeno a tu control vigila que se les trate adecuadamente. Además, aunque les hicieras lo que quisieras a los animales y a esas barbaridades las llamaras experimentos, ninguna revista decente y con un nivel científico aceptable te aceptará experimentos animales con malas prácticas. Y si al final publicas tu trabajo no-ético-ni-científico en alguna revista científica de mierda, no merecen otro nombre, las organizaciones que vigilan como experimentas podrían leer el texto y te podrías meter en un lío.

Resumiendo, que salvo que vayas a países, cada vez menos, donde no existen reglamentos sobre todo esto, y además te conformes con publicar tu trabajo en revistas marginales y despreciadas por toda la comunidad científica, te interesa como científico experimentar de un modo ético con animales vertebrados.

Entre los animales vertebrados con los que se experimentan hay ranas, pollos, conejos, cerdos, ratas, ratones, simios y perros (con estos dos es casi marginal el número de experimentos que se hacen), conejos, peces… Y con ellos se hacen millones de experimentos distintos. Y son muy diferentes porque van desde experimentos completamente inocuos donde simplemente se juega con los animales para ver ciertos rasgos de su comportamiento, hasta casos donde realmente los animales enferman y por lo tanto, dentro de unos márgenes controlados y bien estipulados, sufren.

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¿Hay alternativas a la experimentación con animales? La cruda realidad.

Contra este sufrimiento es contra lo que se revelaba la chavala de change.org, lo cual parece una propuesta muy digna pero… ¿es realista? Seguramente lo que ella propone concretamente, estudiar psicología por la UNED sin hacer prácticas con animales vivos o muertos, sí que es posible. Estudiar una carrera del ámbito biomédico, cuya gran parte de conocimiento procede de la experimentación con animales durante décadas, sin experimentar con animales es parcialmente viable (aunque académicamente en ciertas situaciones puede ser muy discutible).

El problema es ir un poco más allá.

Si esta chica quiere en un futuro próximo realizar estudios en biomedicina que no impliquen en algún momento el confinamiento, sufrimiento o la muerte de algún animal vertebrado, pues sus estudios siempre van a estar muy limitados y para que lleguen a tener alguna aplicación siempre dependerán del trabajo de otra gente que realiza el tipo de experimentos que ella no quiere hacer.

En investigación, los tan mencionados por muchos sectores ecologistas como modelos alternativos tienen muchas limitaciones que nunca podrán superar. Por mucho que se refinen estos modelos, unos de los más usados son Drosophila melanogaster (una mosca) y Caenorhabditis elegans (un gusano) (por cierto, ambos también son animales pero como son invertebrados se puede experimentar con ellos como se quiera), estos modelos nunca podrán responder a todas las preguntas sobre la biología de un mamífero. Otra alternativa parecen ser los modelos bioinformáticos de simulación de seres vivos y con este tema el problema es que la gente ha visto mucha televisión. Estos modelos son herramientas de apoyo y refinamiento muy buenas pero están a años luz de hacer simulaciones informáticas realistas de seres vivos, como por ejemplo un ratón, así que no pueden sustituir a corto plazo ni en las próximas décadas a la experimentación con animales.

Pese a todo, es verdad que muchas veces la experimentación con animales falla: se consigue un medicamento que funciona en ratones pero luego no cura la enfermedad cuando se utiliza con humanos. Esto se debe a algo obvio: los animales de experimentación no son personas, y buscar la cura de enfermedades humanas en animales es un proceso ineficiente porque muchas veces las diferencias entre especies son muy importantes. Pero es lo que hay. Muchas veces falla pero otras muchas no, y sino que se lo digan a Leonard Thomson. En 1922 era un chaval de 14 años a punto de morir: tenía diabetes tipo 1 y por aquel entonces no existía el tratamiento con insulina. Resumiendo mucho, Leonard Thomson fue la primera persona en ser tratada con insulina. En 1922 se le inyectó la primera dosis todavía experimental y gracias al tratamiento con insulina vivió hasta los 27 años. La primera insulina que le inyectaron era insulina canina, y es que el descubrimiento de la insulina que ahora salva tantas vidas, se hizo gracias a la experimentación con animales, perros en este caso.

Que un proceso sea ineficiente no es lo mismo que sea un proceso inútil. Actualmente la experimentación con animales es la única herramienta que tenemos para curar el cáncer, el alzhéimer y otras muchas enfermedades, y las únicas alternativas a la experimentación animal son dejar de investigar la cura para estos enfermos o directamente experimentar con personas. Y sinceramente, siquiera entrar en discutir porque es mejor experimentar con animales en vez de afrontar cualquiera de estas dos últimas opciones me parece una barbaridad.

Pablo (@pjbarrecheguren)

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