En la antigüedad los mapas estaban incompletos. Incluso cuando ya sabíamos que la Tierra era redonda y cuál era su tamaño, todavía había grandes espacios en blanco en los dibujos cartográficos. Fue la era de los grandes exploradores que se lanzaban directamente hacia aquellos vacíos de información, literalmente hacia lo desconocido, y navegaban hacia zonas denominadas en los mapas como terra incógnita.

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(Polus Antarcticus) Terra Australis Incognita. (Amsterdam; De Wit, 1680?) Tasmanian Archives and Heritage Office.

Ahora google maps nos ofrece una imagen nítida de la superficie del planeta. Los exploradores recorren rutas anteriormente trazadas y solo el espacio inalcanzable sobre nuestras cabezas nos ofrece un lugar virgen por donde explorar. Casi todo lo que está al alcance de la mano ha sido descubierto, etiquetado y archivado. Hemos pasado la era de los grandes descubrimientos. Ya no queda nada por investigar. Y sin embargo, todavía existe un terreno donde el más pequeño de los hombres puede ser un pionero: el conocimiento, un mar ilimitado cartografiado constantemente por los investigadores.

Si hay algo que une a todos los investigadores es el hecho de ser los primeros en descubrir algo. Todos en algún momento, de hecho en muchos momentos durante la investigación, pisan terra incógnita. Son las primeras personas de toda la humanidad en saber algo nuevo. En nuestra cultura científica llevamos mucho tiempo valorando los grandes descubrimientos: encontrar montañas e incluso continentes enteros de conocimiento como pueden ser la teoría de la evolución, la penicilina o la ley de la gravedad. Estos descubrimientos han sido realmente grandes momentos para la ciencia pero creo que reverenciamos tanto los grandes descubrimientos que estamos dejando de valorar los pequeños pasos que todos hemos dado por un terreno desconocido. Después de todo, la vida del investigador es descubrimiento, aunque casi siempre son pequeñas cosas: ver si tus células expresan o no una proteína, probar con que tinción el fenotipo de tus mutantes se ve mejor o cuantificar unos resultados que hasta entonces solamente se habían tratado cualitativamente, son también descubrimientos.

Y como investigadores, aunque no descubramos un nuevo continente o la cura contra el cáncer, nunca hay que olvidar que nos movemos siempre por terra incógnita, con todas las decepciones que ello supone cuando obtenemos resultados negativos o no los experimentos no funcionan, pero también con todas las alegrías que conlleva explorar y descubrir algo nuevo por pequeño que sea.

 

Pablo (@pjbarrecheguren)

 

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