Vamos a empezar haciendo amigos, sobre todo si el lector es un leal súbdito de su Graciosa Majestad, la reina Isabel II. No parece un asunto muy serio proponer que un animal de fantasía figure en el escudo heráldico de un país tan orgulloso de su historia como la Gran Bretaña.

¿O sí?

Porque, veamos ¿Qué encontramos en el escudo del británico? Pues los símbolos de Inglaterra, Escocia e Irlanda, sostenidos por dos animales coronados. A la izquierda, un poderoso león, y a la derecha… ¡UN UNICORNIO! Toma ya… Un unicornio, así que proponer que la esponja amarilla forme parte del escudo no parece más disparatado que lo que hay ahora, un caballito cornudo. Además Bob le daría un aire más simpático y actualizado.

 

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Escudo británico con el unicornio. Molaría más con Bob Esponja. Copyright Philip Halling.

 

En honor a la verdad, esta obsesión por el unicornio no es sólo una cuestión de la heráldica británica, numerosas ciudades europeas lo incluyen en sus escudos. Por ejemplo, Saint-Lô en Francia; Giengen, Schwäbisch Gmünd y Leeden en Alemania; Ramosch en Suiza; Líšnice y Vamberk en Chequia; o Eger en Hungría ¿Por qué? ¿Qué hay detrás de esta figura?

La fascinación por el unicornio tiene bastante que ver con la obsesión que tenían los reyes a ser envenenados. Había que encontrar un remedio y elaborar una historia que hiciera mágico el antídoto. Y como podemos seguir observando hoy en día, el miedo es ideal como fuente para que surjan charlatanes ofreciéndonos remedios fantásticos para toda clase de males.

Ctesias, el médico del rey persa Artajerjes II, señaló hace unos 2.400 años que el cuerno del unicornio era un antídoto eficaz contra los venenos. Tanto él como Plinio nos indicaron que deberíamos buscar a estos animales en la India. Nuestro espía occidental en la zona, Marco Polo vio por fin un unicornio, allá por el siglo XII. Pero quedó muy defraudado, ya que a él le habían contado que se trataba de un bello caballo blanco que se amansaba en el regazo de una doncella. Lo que observó es algo muy diferente, una horrible criatura, un gordo animal de piel rugosa y gris. No nos queda ninguna duda de que estos tres señores se refirieron a un animal entonces desconocido en Europa, el rinoceronte indio (Rhinoceros unicornis, o sea el “unicornio con un cuerno en la nariz”). La primera representación de este animal nos llega en 1515 de la mano de Albert Durero, quien se basó en el ejemplar que le regalaron al rey Manuel I de Portugal. La historia de este rinoceronte es bastante triste, después de viajar desde la India hasta Lisboa, el rey portugués decidió regalárselo al Papa Leon X. Encadenado al barco que lo transportaba hasta Roma, murió ahogado cuando el buque se hundió por una tormenta.

 

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Grabado del rinoceronte del rey Manuel I, que no llego a ver nunca Durero.

Desgraciadamente para los rinocerontes, la idea de que su cuerno tiene propiedades medicinales – y muy particularmente de que se trata de un potente afrodisíaco- dio lugar a una caza indiscriminada que los ha puesto en peligro de extinción. En todo caso, conseguir un rinoceronte, un unicornio, era una empresa muy difícil: hagan el favor de leerme la divertida novela En busca del Unicornio, de Juan Eslava Galán, en donde los caballeros de Enrique IV, el Impotente, tratan de solucionar los males de su rey capturando un rinoceronte africano.

Aquí hay algo que no cuadra… el cuerno del unicornio es largo y espiralado, nada que ver con el del rinoceronte. Y si además éstos son muy difíciles de capturar… ¿de donde provenían los numerosos cuernos de unicornio que se vendían a buenos precios en Europa? Si, si, esos mismos cuernos que figuran en la herencia de Felipe II, un bien tan preciado que se custodiaba en “la Guardajoyas”.

Para resolver el misterio, busquemos la pistola humeante. Los cuernos de unicornio eran vendidos por los vikingos del norte de Europa… ¿hay algún animal allí con ese alargado y retorcido apéndice? Pues sí, claro, el narval, un mamífero marino emparentado con la beluga. El nombre científico del narval, Monodon monoceros, alude a la naturaleza de su “cuerno”. El nombre genérico, Monodon, nos indica que en realidad se trata de un diente. Dicho diente es el colmillo izquierdo alargado de los machos, un carácter sexual secundario. Y es un gran diente, llega a tener los dos metros de longitud y pesar más de diez kilos. A los boticarios les llegaba con comprar tan sólo un trozo del “cuerno de unicornio” para emplearlo en forma de polvo en sus pócimas milagrosas. Aunque suenen arcaicas las palabras boticario y pócima, el alicornio – que así se llama en realidad el cuerno del unicornio- era un medicamento que obligatoriamente debían disponer las farmacias londinenses hasta 1741. Vaya con los ingleses, no sólo incluyen al unicornio su blasón, sino que además venden sus cuernos como medicamento hasta bien entrado el siglo XVIII. Con gente así va a ser difícil construir Europa.

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El narval. NOAA Photolib Library. Autor Dr Kristin Laidre

Desde Cuvier sabemos que es imposible que un animal con la pezuña hendida tenga un único cuerno… a menos que científicos frankenstein se empeñen en crearlos (Franklin Dove. 1936. Artificial Production of the Fabulous Unicorn. The Scientific Monthly, 42 (5): 431-436). Como hemos visto, la Zoología nos descubre los misterios que se encierran en los animales fantásticos, basados en todo o en parte en seres reales. Desvelar la naturaleza del unicornio no nos impide, en todo caso, seguir soñando con ellos. Disfrutemos pues de la canción de Silvio Rodriguez (Un unicornio azul) o de las películas de Harry Potter. Larga vida al unicornio.

Juan Junoy (@JuanJunoy)

 

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