Como propósito de año nuevo mucha gente decide comenzar a hacer ejercicio (suelen aguantar hasta mediados de febrero, siendo optimistas) y cuidar más la alimentación. Como ahora muchos post de Facebook dicen que el azúcar y la carne son el satanás y la muerte de la nutrición, vamos a empezar deshaciéndonos de estos venenos gastronómicos: pasemos de la bollería industrial y de los cereales azucarados a meternos entre pecho y espalda un par de tostadas integrales con margarina vegetal con un té verde. Nada de mantequilla, todo vegetal. A estas alturas todo el mundo sabe que las grasas animales son tremendamente malas para la salud gracias a la turra que nos dio la OMS con la carne roja (hablamos sobre este tema aquí: https://bigvanblog.wordpress.com/2015/11/02/la-muerte-tiene-ojos-de-cerdo/). Por no mencionar la huella ecológica que tiene criar a todos esos cerdos en espacios de ganadería intensiva que podrían ser perfectamente destinados a cultivos de cereales, por ejemplo.

Así que esa etiqueta amarillo fosforito en los envases de las tostadas y la margarina, que resalta el hecho de que eso que te estás comiendo está hecho con aceites de origen vegetal y no tiene azúcares añadidos, nos da cierta seguridad alimentaria o al menos nos indica que a nuestro estómago llegará un alimento con cierta calidad que no licuará nuestros órganos internos. Si la leemos con calma, nos daremos cuenta de que eso que estamos comiendo, libre de cualquier sustancia de origen animal, está en realidad empapado en aceite de palma. “Grasas de origen vegetal”, como les encanta llamarlo. Y es aquí donde se deshace el mito de “saludable” y “ecológico”.

Para empezar, sabemos desde hace años las terroríficas consecuencias ambientales de las plantaciones masivas de la palma aceitera, capaz de producir aceite de muy barata producción que no ha pasado desapercibido para grandes multinacionales como Kraft o Nestlé entre otras muchas. Y ha sido así como la palma aceitera se ha extendido como un cáncer en África, Sudamérica y especialmente en Asia, lugares donde genera masivas emisiones de CO2 y está poniendo en jaque la supervivencia de muchas especies, como la del orangután. “Pero oye, mira, que Malasia queda lejos. Además creía que ya no había orangutanes por el mundo. Por lo que el tema del boicot al aceite de palma no me incumbe demasiado”.

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Superficie boscosa deforestada en una de las concesiones destinadas a aceite de palma ubicadas en el centro de Borneo. La explota una empresa proveedora de Procter&Gamble, manufacturera del champú H&S. Foto: Ulet Ifansasti / Greenpeace

No solo la elevada contaminación, la exterminación de ecosistemas y la extinción de especies nos debe importar. Tenemos otra razón más para tratar de dejar de consumir esos aceites vegetales que provienen de la palma. Atentos, que vienen curvas:

En noviembre de este año, un grupo de investigación en el Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona liderado por Salvador Aznar, publicó un artículo en la prestigiosa revista Nature en el que demuestran en modelos animales que una dieta rica en grasas es capaz de acelerar la metástasis (https://www.irbbarcelona.org/es/news/las-celulas-tumorales-dependen-de-las-grasas-para-iniciar-metastasis). Un auténtico notición, porque  la metástasis no es algo para tomarse a la ligera: es el proceso por el cual las células cancerígenas salen de una masa tumoral a la sangre y colonizan otros órganos, pudiendo formar tumores secundarios en diversos lugares del cuerpo, siendo este proceso de metástasis el verdadero responsable de la muerte de los pacientes con cáncer. Pero los investigadores demostraron que no todas las grasas actúan por igual: es el aceite de palma la más dañina con diferencia.

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El jefe de grupo Salvador Aznar Benitah y la primera autora del artículo, Gloria Pascual, en el laboratorio de Células madre y cáncer del IRB Barcelona (M. Minocri, IRB Barcelona).

O sea, que consumir productos con aceite de palma no solo apoya la deforestación masiva sino que además ayuda a desencadenar la metástasis en los tumores. Una de las grandes preocupaciones ahora de este grupo de investigación es buscar financiación para continuar con sus estudios, que conllevaría concienciar a la población de la necesidad de un cambio de dieta. ¿Qué farmacéutica apoyaría un estudio así? Además, después de invertir tanto dinero en deforestar Sumatra y Borneo para darnos a todos el placer de llenarnos la boca de aceite de palma, ¿permitirá Nestlé o PepsiCo una concienciación para dejar de consumir sus productos estrella?

Es aquí donde la financiación pública de la ciencia responde, financiando estudios para mejorar la salud global independientemente del interés capitalista de las multinacionales. Bueno, quizá ya no tanto… pero al menos siempre nos queda fijarnos en que llevan los productos que compramos. Nuestro carro de la compra puede ser un gran activista.

 

Helena (@HelenaArlequino)