Las personas solemos complicarnos la vida, vemos problemas por todos lados y la mayoría de cosas por las que discutimos son superfluas. En ciertos momentos de estrés emocional ayudaría mucho recordar y agradecer que sólo tres cosas son de vital importancia para el ser humano: agua, comida y un buen teléfono móvil. Bueno, y el aire también.

Aire, tímido y humilde, tan transparente que a pesar de rozarnos continuamente, por fuera y por dentro, pasa casi desapercibido. Pero mientras que cualquiera puede pasar diez minutos sin beber ni comer, a excepción de Homer Simpson, nadie sobreviviría a diez minutos sin aire. Así de importante es. Aire, gran tesoro vital…

Sin embargo el aire, que nos da vida, también nos la puede arrebatar… Si buceas bastante profundo, respiras aire de una botella de submarinismo, y regresas a la superficie sin soltarlo, probablemente verás a la de la guadaña. ¿Por qué?… cuestiones de Mr. Presión y Miss Volumen. La secreta relación entre ambos fue descubierta hace ya cuatro siglos por uno de los primeros científicos de la historia: Robert Boyle.

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Robert Boyle, científico del S XVII con magnífico peinado.

Fuente: Portrait of The Honourable Robert Boyle (1627 – 1691). Iconographic Collection 400.22

Séptimo hijo de un duque irlandés, Boyle dedicó su vida a la ciencia. Aunque en aquel entonces la ciencia no se llamaba así ni era como la conocemos hoy en día. El S. XVII era una época en la que todavía reinaba la alquimia, precursora de la química moderna. Los alquimistas tenían como objetivo encontrar la piedra filosofal, capaz de transformar el plomo en oro y para eso estos señores vivían dedicados al estudio de la materia, haciendo experimentos y conjuros en sus laboratorios. Es interesante destacar que sus descubrimientos eran secretos y escribían en código.

En este ambiente creció Boyle, que desde los ocho años viajó por Europa para formarse. Y resulta que pasó por Italia en la época en que el trending topic era la reciente muerte de Galileo. Leyó sus escritos y esto fue lo que, según algunos historiadores, le hizo dedicarse a la ciencia. Contrario a los alquimistas, él defendía la universalización del conocimiento, la divulgación de la ciencia, y fue por eso que escribió muchísimos libros no sólo con sus descubrimientos sino también con el conocimiento actual, organizándolo y difundiéndolo. Es curioso que la motivación profunda que llevó a Robert a hacer esto era Dios. Él veía en la ciencia, en la organización del universo, una forma fascinante para que la gente se acercase al Todopoderoso.

Uno de los cuatro elementos fundamentales (tierra, fuego, aire y agua) en los que creían los alquimistas fue objeto de intenso estudio por parte de Boyle. ¿Cual?… ¿Adivinas?… sí, el aire, gran tesoro vital.

La elasticidad del aire ocupó la mente de Boyle durante algunos años. Con ayuda de varios experimentos estudió como el aire podía ser comprimido o expandido. Y llegó a una fórmula matemática que relacionaba presión y volumen. ¡Pero no te asustes! No la escribiré… P1V1 = P2V2… ¡Disculpas! Se me escapó… En fin, lo que esta fórmula dice es lo siguiente:

Mr. Presión (P) y Miss Volumen (V) son una pareja admirable, se complementan de tal modo que entre ellos hay un equilibrio constante. O sea, si uno de ellos se estresa y grita exasperado, el otro se relaja. Y cuanto más chilla uno, más zen se vuelve el otro. Así son presión y volumen, cuando uno aumenta, el otro disminuye para compensar, y lo hacen de tal forma que su producto permanece siempre constante.

Volvamos al fondo del mar y a nuestra cuestión inicial, ¿por qué respirar aire en las profundidades y subir sin soltarlo es peligroso? Un punto clave es que según nos vamos sumergiendo la presión va aumentando. Por cada 10 metros de profundidad que bajemos, la presión aumentará una atmósfera. ¿Qué quiere decir eso?… En la superficie del mar, el aire ejerce sobre nuestros cuerpos una presión de un kilogramo por centímetro cuadrado. Increíble pero cierto, sólo con la parte superior de la cabeza aguantamos ahora unos 100 kilos, ¡somos unos forzudos!. Cuando buceamos la presión va aumentando, a 10 metros de profundidad, la presión será el doble (dos atmósferas), o sea, sobre la superficie de nuestra cabeza ¡nos apretarían 200 kilos! Si respiramos aire a 10 metros de profundidad, aire con una presión de 2 atmósferas, y subimos a la superficie, el aire pasará a tener 1 atmósfera de presión. ¿Qué ocurrirá con su volumen?

El otro punto clave es la “ley de Boyle”: cuando la presión disminuye, el volumen aumenta de forma proporcional, y viceversa, claro… Así que aquel aire, cuya presión disminuye a la mitad al subir de 10 metros de profundidad hasta la superficie, tendrá, chachán chachán: ¡¡¡el doble de volumen!!! Así que a no ser que tengas pulmones hiper-super-maxi elásticos ¡¡¡babuuuuuummm!!! rotura del tejido pulmonar, inyección de aire a los vasos sanguíneos y obstrucción de estos con graves consecuencias que van desde ceguera o parálisis hasta la muerte.

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Si nuestro cuerpo fuese elástico como un globo y respirásemos aire a una profundidad de unos 90 metros, al subir a la superficie sin soltar el aire, el volumen se nuestros pulmones se multiplicaría por 10, ¡quedaríamos gordos como elefante! Fuente: Dive Andaman. Creative Commons Attribution License

 Así que ya sabes, en los momentos de estrés emocional, recuerda a nuestro gran tesoro vital, y respira profundamente. Y si en ese momento de estrés te encuentras buceando ¡¡¡suelta el aire antes de subir!!!

 

iReNe